sábado, 10 de marzo de 2012

¿Dirías que no?

A nadie se le escapa que vivimos en una sociedad competitiva, que no todo el mundo tiene posibilidad de obtener lo que desea a no se que luche por esa causa. En un mundo falto de oportunidades, tenemos que agarrarnos a cualquier oferta que nos hagan, sobre todo cuando realmente es algo que nos beneficia. ¿Egoísmo? Puede, pero hasta cierto punto podemos llegar a decir que no, porque nuestro instinto de superación nos tiene que hacer buscar los caminos para progresar, sin que esto tenga necesariamente que perjudicar a los demás. Yo pondría ahí el límite, no me considero partidario en exceso del egoísmo, pero no podemos ser faltos de inteligencia (por no decir tontos) y rechazar las oportunidades que se nos pueden llegar a ofrecer fruto de nuestro esfuerzo (no necesariamente atajos, si estáis pensando en eso), siempre y cuando este beneficio nuestro no conlleve un perjuício consciente a otras personas.

Si fruto del esfuerzo, conseguimos que nos abran una puerta...

Las oportunidades rara vez vendrán hasta nuestra casa a llamarnos al timbre, cual cartero o publicista. Lo general es que seamos nosotros quienes acudamos al timbre de las oportunidades, a ver si cae algo. No creo que alguien que se queda en su casa cómodamente sentado esperando a que le llamen tenga derecho a criticar a quien con su implicación y esfuerzo ha buscado su camino llamando a todas las puertas a donde fuese necesario. Y si fruto de moverse por diferentes ámbitos, de colaborar con mucha gente, alguien le ofrece una oferta de colaboración en algo importante, que normalmente sería más complejo de conseguir... ¿Es ilícito aceptarlo?

Otra cosa distinta es forzar la cerradura...

Ojo, que no se entienda que defiendo con estas palabras la elección digital de la gente, ni mucho menos, pero me cuesta creer que haya gente que diga que no ante una oferta, que supone una oportunidad de acceder a vivir una experiencia que no se puede vivir con facilidad. Ese tipo de oportunidades surgen, y quien está en el frente dando la cara, moviéndose y llamando a todas las puertas, es quien las acaba aprovechando. En estos casos, claramente, la crítica se debe dirigir, primero a uno mismo, por no haber sido capaz de estar a la altura, pero por supuesto también a quien teniendo canales ordinarios mediante los cuales ofertar las oportunidades las adjudica al mejor postor, sin contar con los demás. Desde luego no creo que debemos en ningún caso cargar contra quien aprovecha este tipo de oportunidades (ojo, tampoco me refiero a quien vive sólo de buscarlas, entrando en cadenas de favores y otras historias) que surgen normalmente de manera inesperada y con poco tiempo para decidir si aceptar o no. La opción más sensata, en la mayoría de los casos suele ser aceptar, no está este mundo para andar rechazando buenas ofertas.

Todos hemos oído hablar de mafias, caciquismo, clientelismo...

Pero claro, si se acepta se entra en el riesgo de que te confundan con quien sí se sirve de esas redes de clientelismo, incluso perjudicando a los demás. Y esto sí que lo rechazo con rotundidad. Pienso que esta confusión es errónea y peligrosa, puede acabar creando mal ambiente entre los colegas de profesión, que pueden no entender en su totalidad las circunstancias, dejándose llevar a veces por las malas lenguas y los rumores... Para quien pueda sentir envidia, o frustración, es importante ponerse realmente en el lugar de quien vive esta situación, pues me cuesta mucho pensar que alguien a quien le importa tanto algo, lo habría rechazado si se lo hubiesen ofrecido sólo porque no lo conseguiría por el método más ordinario. No lo entiendo.

Y de todo lo anterior surge mi pregunta, sentíos libres de contestarla y contarme vuestras opiniones, la que acabo de expresar es relativamente flexible en diferentes aspectos, pero a falta de debatirla con nadie es la que tengo. No busco exponer ex catedra mi manera de pensar, sino más bien suscitar el debate. Espero vuestros comentarios.